jueves, 12 de agosto de 2010

Alizée

Acabo de descubrir a esta preciosidad y además me gustan mucho sus canciones.

Alizée Jacotey (nacida el 21 de agosto de 1984 en Ajaccio, Córcega, Francia) es una cantante pop. Se dio a conocer en el año 2000 gracias al programa Graines de Star Sur M6, en el cual concursó con la canción de Axelle Red: Ma prière (Mi oración). Sus padres, amigos cercanos de Mylène Farmer y Laurent Boutonnat, les hicieron llegar la grabación de la emisión del concurso con la esperanza de llamar su atención. Así fue como, impresionados por la voz de la joven corsa, decidieron apadrinarla.

Myléne Farmer y Laurent Boutonnat, figuras de la música pop francesa, inculcaron a la joven Alizée (que entonces tenía 16 años) todo lo que era necesario para sobrevivir en el mundo de la farándula. Le dieron un estilo: el estilo lolita. Le diseñaron vestuario, coreografías, compusieron música y letra de sus canciones bajo ese estilo.

Su primer sencillo, Moi Lolita (Yo Lolita), salió al aire en noviembre de 2000 y fue un éxito inmediato, lo cual apresuró la producción de su primer álbum: Gourmandises (Golosinas). Este vendió en dos años más de 4 millones de copias y la hizo acreedora a premios como los NRJ Music Awards, los World Music Award y los M6 Awards entre otros premios europeos, confirmando las expectativas de aquellos que habían creido en ella.

Los títulos de sus canciones son conocidos más allá de las fronteras de los países francoparlantes, encabezando las listas de éxitos musicales en Italia, España, Alemania, Reino Unido, Polonia, Holanda, Rusia, México y Perú, siendo frecuentemente número 1 en ventas durante varias semanas. El segundo álbum repitiendo su fórmula, su segundo disco Mes courants électriques (Mis corrientes eléctricas) es producido por Mylène Farmer y Laurent Boutonnat, saliendo a la venta el 18 de marzo de 2003 en Francia del cual se extrajo el primer sencillo J'en ai marre (Estoy harta).

En 2003 causó revuelo en la prensa al casarse en Las Vegas con Jérémy Châtelain, ex integrante del programa Star Academy (reality show del canal TF1). Con el tuvo una hija llamada Anny-Lee, nacida el 29 de abril del 2005.

ALIZÉE: 15 AÑOS

Alizée: Moi... Lolita

Alizée: La isla bonita

domingo, 8 de agosto de 2010

Vaticano 2035


Acabo de concluir la lectura de "Vaticano 2035", de Monseñor Pietro De Paoli (Grijalbo, 618 páginas).

Es el título de una novela escrita por Monseñor Pietro De Paoli, un nombre ficticio detrás del cual se esconde una personalidad que, debido a su posición en la Iglesia de hoy, no desea revelar su identidad. No es un libro para profanos lectores de todas las novelas nuevas que salen al mercado. Es un libro que implica un interés especial por el devenir de la Iglesia, sobre todo de la Iglesia que conocemos los que hemos vivido el Siglo XX y parte de este nuevo Siglo XXI.

No es un libro que satisface la morbosidad de los enemigos y adversarios de la Iglesia Católica. Es realmente un libro revolucionario que nos pone a la Iglesia patas arriba y rompe con todos los absolutos que dominan hoy en día a la Iglesia y que en el fondo son adornos relativos y totalmente irrelevantes que si no se cede en ellos es por pura conveniencia burocrática y por intereses creados en sectores ultraconservadores dentro de la Iglesia. Se trata de una novela escrita por un profundo conocedor de los intríngulis de la Iglesia y con un amor a toda prueba a la Madre Iglesia.

No busquemos en este libro las sandeces sacadas por los pelos que se plantean en novelas como el Código Da Vinci.

En este libro futurista se ven situaciones que el autor ve venir a muy corto plazo, contando con las intrigas de sectores recalcitrantes y ultraconservadores que quisieran retroceder y borrar aún las conquistas que ha tenido la Iglesia post-conciliar al Vaticano II. Ese sector ultraconservador el autor lo identifica como Los Templarios y para hacer más apasionante la novela, el autor nos pone de frente a un Papa archiconservador de ese sector que llega al Papado en el año 2015 llamado Pío XIII y que se empeña en borrar las conquistas modestas que había logrado su predecesor el Papa Juan XXIV (Ojo, el último Juan fue el Papa bueno Juan XXIII, Juan XXIV es un invento del novelista).

El protagonista de la novela es un Papa viudo con dos hijas que sale del laicado comprometido, ingeniero italiano de nacimiento, pero formado en Francia e hijo de un médico del Instituto Pasteur Premio Nóbel de Medicina. Su nombre es Tomás I, el cual se alinea en la tendencia reformista de su mentor el Papa Francés Silvestre III, a quien sucede en el Pontificado. Se visualizan las grandes reformas hacia las que está avocada la Iglesia: el papel de la mujer en la Iglesia, el cardenalato en los laicos, el celibato del clero, la unión de los cristianos, etc.

Un tema que ocupa muchas páginas de esta novela es el conflicto palestino-israelí y el papel del nuevo Papa Tomás I en su solución, logrando que los territorios en conflicto en la ciudad santa de Jerusalén pasen a ser patrimonio de la humanidad bajo dominio de la ONU. La novela llega a niveles muy profundos donde se avizora la unidad de las iglesias cristianas, no sin dar a entender la resistencia de la Iglesia rusa ortodoxa acostumbrada al Poder conferido por la era soviética que consolidó privilegios más allá de la época de los zares.

El libro está empapado de jugosos pensamientos cargados de profundidad teológica de lo que representa el meollo del evangelio de Jesús. Solo quiero citar cuatro frases que el autor pone en boca de Tomás I el día en que se convirtiera en Papa, frases que eran su programa de gobierno y que representaron su Testamento para su equipo sucesor:

"Junto a vosotros, no seré el que sabe sino el que acompaña. No seré el que enseña, sino el que dialoga. Nunca seré un Padre, y menos aún un Santo Padre... Pero sí quiero ser, para todos vosotros, un hermano".

Las ideas y vivencias que el autor atribuye al protagonista en cuanto al amor humano y la revalorización que hace del matrimonio como presencia del amor de Dios en el mundo no tiene desperdicio para los amantes de la lectura espiritual.

Pienso que este libro debe ser leído por todo aquel a quien le duela la Iglesia Católica y que les importe su destino futuro a corto plazo y su papel en el mundo actual.

Es curioso el papel que toma en esta novela la Iglesia en América Latina: tanto en el área conservadora (Los Templarios) como en la de avanzada encarnado por nombres ficticios de jesuitas. En esta misma línea de avanzada se pueden apreciar figuras relevantes de la India y del Africa negra.

miércoles, 14 de julio de 2010

GERMINAL


Acabo de concluir la lectura de “Germinal”, de Émile Zola (Alianza Editorial, bolsillo, 597 páginas).

Francia, 1866: Étienne Lantier abofetea a su patrón y se queda sin empleo. Vagabundo y sin trabajo, halla nueva ocupación en las minas de carbón. Los rigores de la labor bajo tierra, las condiciones inhumanas, la injusticia, la crisis social, la revolución y la huelga, la brutal represión, pero también el amor, son los protagonistas de GERMINAL, uno de los más rotundos y vívidos alegatos nunca escritos en favor de los explotados y los oprimidos.



Émile Zola (1840-1902)

Escritor francés y fundador del movimiento naturalista. Zola nació en París, el 2 de abril de 1840, hijo de un ingeniero civil italiano. Tras la muerte de su padre, la familia vivió en la pobreza. Su primer trabajo fue el de empleado en una editorial. A partir de 1865 se ganó la vida escribiendo poemas, relatos y crítica de arte y literatura.

Su primera novela importante, Thérèse Raquin (1867), es un detallado estudio psicológico del asesinato y la pasión. Más tarde, inspirado por los experimentos científicos sobre la herencia y el entorno, Zola decidió escribir una novela que ahondara en las profundidades de todos los aspectos de la vida humana, que documentara los males sociales, al margen de cualquier sensibilidad política. Asignó a esta nueva escuela de ficción literaria el nombre de naturalismo y escribió una serie de veinte novelas entre 1871 y 1893, bajo el título genérico de Les Rougon-Macquart, con el fin de ilustrar sus teorías a través de una saga familiar. Tras una ardua investigación produjo un sorprendente y completo retrato de la vida francesa, especialmente la parisina, de finales del siglo XIX. Sin embargo, fue calificado de obsceno y criticado por exagerar la criminalidad y el comportamiento a menudo patológico de las clases más desfavorecidas.

Algunos de los libros que se ocupan de las cinco generaciones de la familia Rougon-Macquart, alcanzaron una gran popularidad. Entre las novelas de esta serie destacan La taberna (1877), un estudio sobre el alcoholismo; Nana, basada en la prostitución; Pot-bouille (1882), un análisis sobre las pretensiones de la clase media; Germinal (1885), un relato sobre las condiciones de vida de los mineros; La bestia humana (1890), una novela que analiza las tendencias homicidas; y El desastre (1892), un relato sobre la caída del Segundo Imperio.

Estos libros, que el propio Zola consideraba documentos sociales, influyeron enormemente en el desarrollo de la novela naturalista. Sus obras posteriores, escritas a partir de 1893, son menos objetivas, más evangelizantes y, en consecuencia, menos logradas como novelas. Entre éstas figura la serie Las tres ciudades (3 volúmenes, 1894-1898), que incluye Lourdes (1894), Roma (1896) y París (1898). Zola escribió también varios libros de crítica literaria en los que ataca a sus enemigos, los escritores románticos. El mejor de sus escritos críticos es el ensayo La novela experimental (1880) y la colección de ensayos Los novelistas naturalistas (1881).

En enero de 1898 Zola se vio envuelto en el caso Dreyfus, cuando escribió una carta abierta que se publicó en el diario parisino L'Aurore. Es la famosa carta conocida como 'J'accuse' ('Yo acuso'), en la que Zola arremete contra las autoridades francesas por perseguir al oficial de artillería judío Alfred Dreyfus, acusado de traición. Tras la publicación de esta carta, Zola fue desterrado a Inglaterra durante un año. Murió en París, el 29 de septiembre de 1902, intoxicado por el monóxido de carbono que producía una chimenea en mal estado.

martes, 15 de junio de 2010

La Cartuja de Parma


Acabo de concluir la lectura de “La Cartuja de Parma”, de Stendhal (Alianza Editorial, bolsillo, 570 páginas).

A los diecisiete años, deslumbrado por la figura de Napoleón, el joven Fabrizio del Dongo, hijo segundo de un reaccionario aristócrata de Milán, parte con intención de reunirse al ejército con el que el emperador va a disputar su batalla final. La mala suerte hace que sea confundido con un espía y sólo pueda ver la batalla de Waterloo a lo lejos.

La tía de Fabrizio, la fascinante Gina, duquesa de Sanseverino, y su amante, el primer ministro del ducado, Conde Mosca, urden un plan para promocionar la carrera del adorado sobrino en la corte de Parma. A toda costa deciden quitarle la idea de hacerse militar y le convencen para que se haga cura, aunque su vida no tenga tantas aventuras. Gina es objeto de las proposiciones del detestable príncipe Ranuccio-Ernesto IV, al que se ha jurado rechazar con todas sus fuerzas.

Fabrizio, que tiene en mente a la adolescente hija de uno de los rivales políticos de su tía, Clelia Conti, se hace amante de una actriz cuyo novio le ataca con un arma de manera que él se ve obligado a defenderse y le mata y huye de Parma con el pasaporte del muerto. Pasa un tiempo en Bolonia y allí, su relación con otra actriz provoca un nuevo duelo.

En la corte de Parma, los enemigos políticos de su tía (en especial, una tal marquesa de Raversi) consiguen convencer al príncipe de que la muerte del novio de la actriz ha sido un asesinato premeditado y le condena a muerte. En una seria discusión con él en la que amenaza con marcharse a otro lugar de Italia, la marquesa Sanseverina consigue que la condena quede reducida a prisión y que la marquesa Raversi sea desterrada. Ésta, de acuerdo con otros de su facción, tiende una trampa a Fabrizio y consigue que sea encarcelado en la torre de Farnesio, que custodia el padre de su amada, el general Fabio Conti.

Desde su celda y a través de un tragaluz, Fabrizio consigue comunicarse con la dulce Clelia, que corresponde a sus sentimientos. Gracias a ella, se libra de los intentos de envenenamientos que ponen en práctica sus rivales. De acuerdo con la marquesa Sanseverina, la joven le facilita los medios de fuga. Al principio, Fabrizio se niega románticamente a abandonar la prisión donde es feliz por poder verla a ella todos los días y cambiarla por la libertad lejos de ella, pero la chica le obliga bajo amenaza de volver a verle.

Con una historia así, que no queremos terminar de desvelar para que os veáis obligados a leerla comienza la Cartuja de Parma, una de las novelas más reconocidas de Stendhal. El autor escribió su obra cumbre en menos de un mes, durante su «exilio» consular en Civitavecchia. Sin embargo, es fruto de años de estudio y pasión por el Renacimiento italiano en sus textos, en los que creía encontrar el tipo de vida enérgica, fuerte, dolorosa pero a la vez más plena y auténtica, que creyó encontrar en su deambular napoleónico por toda Europa y en su descubrimiento de Italia, y que añoraría siempre.




Stendhal
, el más conocido seudónimo de Henri Beyle (Grenoble, 23 de enero de 1783 – París, 23 de marzo de 1842), fue un escritor francésdel siglo XIX.

Valorado por su agudo análisis de caracteres y la concisión de su estilo, es considerado uno de los literatos más importantes y más tempranos del Realismo. Es conocido sobre todo por sus novelas Rojo y negro (Le Rouge et le Noir, 1830) y La cartuja de Parma (La Chartreuse de Parme, 1839).

Henri Beyle utilizó diferentes seudónimos para firmar sus escritos, siendo Stendhal el más conocido de ellos. Existen dos hipótesis plausibles sobre el origen del seudónimo:[ la más aceptada es que tomara el seudónimo de la ciudad alemana de Stendal, lugar de nacimiento de Johann Joachim Winckelmann, fundador de la arqueología moderna y al que admiraba. Una segunda hipótesis es que el seudónimo sea un anagrama de unas islas que Stendhal conoció y que le dejaron una profunda impresión.

Nacido Henri-Marie Beyle en una familia burguesa, su padre Chérubin Beyle, era abogado en la Audiencia Provincial. Quedó huérfano de madre cuando contaba sólo con siete años. Su padre, que se encargó junto a su tía de su educación, fue encarcelado en 1794 durante el Terror por su defensa de la monarquía. También mantuvo un fuerte trato con su abuelo materno, Henry Gagnon, médico de profesión, al que admiraba profundamente, y al que en alguna de sus obras llamará padre.

Estudió desde 1796 en la Escuela central de Grenoble y logró unas altas calificaciones en matemáticas. En 1799 fue a París, con la idea de estudiar en la Escuela Politécnica, pero enfermó y no pudo ingresar. Obtuvo un trabajo en el Ministerio de Defensa, en el que ya trabajaba su primo Pierre Daru.

Al año siguiente viajó hacia Italia, como subteniente de los dragones, acompañando a la retaguardia del ejército mandado por Napoleón. Su estancia en Italia le permitió conocer la música de Domenico Cimarosa y Gioacchino Rossini (del que escribió una célebre biografía, Vida de Rossini), además de las obras de Vittorio Alfieri. En 1801 participó en la campaña de Italia con las tropas napoleónicas, sirviendo en el Estado Mayor del general Claude Ignace François Michaud como ayudante de campo. En esos años, Stendhal entra en contacto con los intelectuales de la revista Il Conciliatore, y se acerca a las experiencias románticas.

En 1802 deja el ejército, pasando a trabajar de funcionario de la administración imperial en Alemania, Austria y Rusia, pero sin participar en las batallas del ejército napoleónico. Ese mismo año pasa a ser amante de Madame Rebuffel, primera de la decena de amantes que tuvo de las que se conocen nombre y apellidos.

Fue a vivir a Milán en 1815, y dos años después publicó Roma, Nápoles y Florencia, toda una declaración de su amor por Italia, y en el que se describe el llamado síndrome de Stendhal, que es una especie de éxtasis y mareo que se produce al contemplar una acumulación de arte y belleza en muy poco espacio y tiempo. Stendhal lo experimentó al contemplar la basílica de Santa Croce de Florencia.

Ese mismo año viajó a Roma, Nápoles, Grenoble, París, y por primera vez a Londres. En 1821 realizó un segundo viaje a Inglaterra, para recuperarse de unos reveses amorosos, y un tercero en 1826, también debido a problemas. Los años siguientes los dedicó prácticamente a un vagabundeo por Europa.

De nuevo en Italia, fue expulsado bajo la acusación de espionaje, y tuvo que regresar a París. Allí empezó a trabajar en un periódico, desde el que pudo diseñar su programa esencialmente romántico, caracterizado y mejorado con el reconocimiento de la historia como parte esencial de la literatura.

Viajó al sur de Francia en 1830, y en 1831 a Trieste. De 1832 a 1836 es destinado como vicecónsul de Francia a Civitavecchia, puerto de los Estados Pontificios cercano a Roma. Dos años después fue a París y a Lyon. A finales de 1837 hizo dos largos viajes por Italia.

En 1836 obtiene un permiso para París, permiso que en principio era para tres meses, pero que se alarga hasta tres años. Durante estos años alterna estancia en París con viajes por toda Europa. En 1839 viajó a Nápoles acompañado por su amigo Prosper Mérimée. En 1841 tuvo un primer ataque de apoplejía y consigue por motivos de salud un nuevo permiso para París.

El veintidós de marzo de 1842, Stendhal sufre un nuevo ataque en plena calle. Trasladado a su domicilio, muere en la madrugada del 23 sin haber recuperado el conocimiento. Es enterrado al día siguiente en el cementerio de Montmartre.

En su lápida hizo escribir el siguiente epitafio: «Henry Beyle, milanés. Escribió, amó, vivió 59 años, 2 meses. Murió el 23 de marzo de 1842».

Su fama la debe fundamentalmente a sus cuatro famosísimas novelas: Armancia (1826); Rojo y Negro (1830); La Cartuja de Parma (1839) y Lucien Leuwen (1894). Otras obras, menos conocidas, son: El rosa y el verde (1837), Mina de Vanghel (1830), y los relatos cortos recogidos y editados más tarde por Henri Martineau en el volúmen Crónicas Italianas (1929).

Los principales temas de su producción literaria fueron su marcadísima sensibilidad romántica y un poderoso sentido crítico, que dieron vida a su filosofía de caza de la felicidad, egotismo típico de todos sus personajes. El análisis de las pasiones, de los comportamientos sociales, el amor por el arte y por la música, además de la búsqueda epicúrea del placer, se expresaban con un modo de escribir personalísimo, en el que el realismo de la observación objetiva y el carácter individual de su expresión se fundían de modo armónico.

Por todas estas razones, Stendhal tuvo que sufrir el vacío que le hicieron sus contemporáneos, con excepción, como se dijo anteriormente, de Honorato de Balzac, pero alcanzó una enorme fama después. Mezclando con acierto la ambientación histórica y el análisis psicológico, sus novelas describen el clima moral e intelectual de Francia. Stendhal ha sido considerado el creador de la novela moderna, que dio paso a la gran narrativa del siglo XIX. Se dice que es el escritor del XIX que menos ha envejecido. Su positivismo, sin contaminar por ideologías, muestra al lector un lenguaje muy moderno.

domingo, 30 de mayo de 2010

Historia de dos ciudades


Acabo de concluir la lectura de "Historia de dos ciudades", de Charles Dickens (Alianza Editorial, bolsillo, 592 páginas).

Es el año 1775. Hay muchos problemas en la campiña francesa. Es obvio que a la gente allá no le gusta pasar hambre y pagar muchos impuestos. Cosa que no debe sorprendernos.

Al inicio de la novela un caballero británico muy fino y cortés viaja al corazón de París. Tiene una misión muy diferente. Hace dieciocho años un médico francés fue encarcelado sin aviso ni proceso. Lo encerraron en la peor de las prisiones, la Bastille. Tras casi dos décadas fue liberado, otra vez sin explicación, y ahora se queda con un viejo sirviente suyo, Ernst Defarge. Lo que busca el Sr. Lorry (el británico) es llevar al médico francés a Inglaterra para que pueda vivir en paz con su hija.

El Dr. Manette es libre pero sigue siendo un hombre quebrado. Pasa sus días haciendo zapatos y andando de un lado al otro en su habitación oscura. Como está tan acostumbrado al espacio de una celda y no puede entender que puede salir de su habitación, parece que el Dr. Manette está condenado a una vida lamentable. Afortunadamente para él (y para el Sr. Lorry también), tiene la hija más perfecta del mundo. Lucie, la niña que dejó hace dieciocho años ya es un rubio sol sonriente. Todo lo que toca se convierte en oro y va a necesitar cada onza de su talento para sanar a su padre. Por supuesto, logra llevar al Dr. Manette al mundo cotidiano. No lo dudábamos.

Cinco años después (1780 para aquellos que llevan la cuenta) el Dr. Manette es un hombre nuevo. Ha vuelto a ejercer la medicina. Él y Lucie viven en una casita en Soho. No tienen mucho dinero (el efectivo del Dr. Manette fue confiscado en Francia) pero Lucie trae felicidad a sus vidas. También han adoptado al Sr. Lorry como tío sustituto.

Retomando el hilo en 1780, el Dr. Manette y Lucie han sido llamados como testigos en un proceso de traición. Acusaron a un joven llamado Charles Darnay de proveer al gobierno francés con información secreta. Los procesos ingleses en aquella época son una especie de farsa. Dickens se entretiene burlándose de los "estimados" miembros del tribunal. Gracias al testimonio conmovedor de Lucie y un poco de trabajo rápido de un hombre que se parece mucho a Charles Darnay, Charles es absuelto.

Una vez libre, Charles Darney se da cuenta inmediatamente de la perfección de Lucie. Va a visitarla a casa de los Manette casi todos los días. El hombre que se parece a Charles es un tipo de dudosa reputación pero muy amable que se llama Sydney Carton. A él también le gusta Lucie. Si Charles es brillante y bueno y perfecto, Sydney no tiene ninguna de esas cualidades, más bien tiene una baja autoestima.

Sydney ama a Lucie con todo su corazón pero está convencido de que no la merece, y que no la merecerá nunca. ¿Qué hace? Bueno, le dice exactamente por qué ella no lo podría querer jamás. Ella está de acuerdo, cosa que no nos sorprende. Le gustaría ayudarlo a hacerse una mejor persona pero el prefiere sumirse en su miseria. Eso es lo que hace en la vida.

Charles, en cambio, tiene una mejor suerte. Se casa con Lucie. El día de su boda le cuenta un secreto a su suegro, el Dr. Manette: que en realidad es un aristócrata francés disfrazado. De hecho, es un aristócrata muy particular: el Marqués de Evrémonde. Como todo en una novela de Dickens debe caber en un patrón nítido, no debería ser una sorpresa que los hermanos malos Evrémonde fueron los que encarcelaron al Dr. Manette años atrás. Claro, el médico se horroriza un poco, pero se da cuenta que Charles no es nada como su padre y su tío, los dichos hermanos malos. El Dr. Manette quiere a Charles porque es un buen hombre. Todo va muy bien en Inglaterra. Charles viene a vivir con los Manette, gana un buen sueldo como tutor y el Dr. Manette parece estar más contento que nunca.

Espera, éste es un cuento de dos ciudades, ¿no? ¿Qué pasa en la otra cuidad? Es una buena pregunta. Mientras todo está bien en Londres, lo contrario sucede en París. La gente se muere de hambre, los aristócratas atropellan a niños con sus carros y todos están bastante descontentos. De hecho, la infelicidad les anima a considerarse "ciudadanos" de una nueva república.

En este momento Ernst Defarge y su esposa están en el centro de un grupo revolucionario. Sabemos que son revolucionarios porque son muy sigilosos. Y todos se llaman "Jacques". En el pueblo de los Evrémonde, el marqués ha sido apuñalado en la noche. ¡Qué horror! El gobierno ahorca al asesino pero no se calma la tensión. Por fin, el administrador de la propiedad de los Evrémonde escribe una carta desperada al nuevo marqués. Como la gente odiaba al otro marqués tanto, meten al administrador en la cárcel.

Tras una serie de casualidades, Charles recibe la carta. (Acuérdate que él es el marqués.) Aunque se ha deshecho de su título y sus tierras, se compadece del administrador. Sin decirle nada a su esposa y a su suegro sale para Francia. Desafortunadamente para Charles, escogió una época mala para unas vacaciones de verano. Cuando aterriza en Francia, los rebeldes ya han derrotado al gobierno. Están a punto de ejecutar al rey. La reina seguirá sus pasos. Hay un ambiente de violencia, venganza y rige la mentalidad de la muchedumbre.

Detienen a Charles inmediatamente y se da cuanta de haber cometido un gran error. Lo llevan a París, donde es prisionero. Las nuevas leyes dicen que será ejecutado con la guillotina. Afortunadamente, el Dr. Manette se entera de la situación. Lucie lo acompaña a París a toda prisa. Resulta que lo consideran una celebridad ahí. Alguien que fue arrestado falsamente bajo el viejo régimen de los aristócratas ahora es un héroe de la nueva República. El médico acude al proceso e impresiona a los jueces con un discurso heroico para salvar a su yerno.

Todo parece tranquilo de nuevo. Claro, estamos en medio de la Revolución Francesa pero los Manette y Charles están sanos y salvos. O por lo menos, así parece durante unas horas. Sin embargo, detienen a Charles otra vez. Ahora los Defarge lo han acusado de ser un aristócrata y por lo tanto una mancha en el nombre del país. El Dr. Manette, desesperado, trata de intervenir. Sin embargo, el segundo proceso es muy diferente al primero. Ernst Defarge tiene una carta escrita por el Dr. Manette mismo, que condena a Charles a muerte.

¡Espera! ¿El Dr. Manette? ¡Imposible! Bueno, no exactamente. Hace mucho tiempo, el Dr. Manette garabateó la historia de su encarcelamiento y la escondió en una pared de la Bastille. Es una recuento deplorable de violación y homicidio – crímenes que el padre y el tío de Charles cometieron.

Indignados, los rebeldes franceses del jurado deciden que Charles debe pagar por los crímenes de su padre. Pero antes de que lo puedan ejecutar, Sydney Carton acude a ayudarlo. Tras unos buenos engaños y disfraces, Charles es un hombre libre de nuevo. Él y su familia salen hacia Inglaterra. Sydney, sin embargo, no tiene tan buena suerte. Toma el lugar de Charles en la prisión y muere en la guillotina.

Qué loco, ¿no? Pues la novela piensa que su sacrificio es bastante heroico. Y debemos decir que estamos de acuerdo.



Charles Dickens

(Portsmouth, Reino Unido, 1812 - Gad's Hill, id.,1870). Escritor británico. En 1822, su familia se trasladó de Kent a Londres, y dos años más tarde su padre fue encarcelado por deudas. El futuro escritor entró a trabajar entonces en una fábrica de calzados, donde conoció las duras condiciones de vida de las clases más humildes, a cuya denuncia dedicó gran parte de su obra.

Autodidacta, si se excluyen los dos años y medio que pasó en una escuela privada, consiguió empleo como pasante de abogado en 1827, pero aspiraba ya a ser dramaturgo y periodista. Aprendió taquigrafía y, poco a poco, consiguió ganarse la vida con lo que escribía; empezó redactando crónicas de tribunales para acceder, más tarde, a un puesto de periodista parlamentario y, finalmente, bajo el seudónimo de Boz, publicó una serie de artículos inspirados en la vida cotidiana de Londres (Esbozos por Boz).

El mismo año, casó con Catherine Hogarth, hija del director del Morning Chronicle, el periódico que difundió, entre 1836 y 1837, el folletín de Los papeles póstumos del Club Pickwick, y los posteriores Oliver Twist y Nicholas Nickleby. La publicación por entregas de prácticamente todas sus novelas creó una relación especial con su público, sobre el cual llegó a ejercer una importante influencia, y en sus novelas se pronunció de manera más o menos directa sobre los asuntos de su tiempo.

En estos años, evolucionó desde un estilo ligero a la actitud socialmente comprometida de Oliver Twist. Estas primeras novelas le proporcionaron un enorme éxito popular y le dieron cierto renombre entre las clases altas y cultas, por lo que fue recibido con grandes honores en Estados Unidos, en 1842; sin embargo, pronto se desengañó de la sociedad estadounidense, al percibir en ella todos los vicios del Viejo Mundo. Sus críticas, reflejadas en una serie de artículos y en la novela Martin Chuzzlewit, indignaron en Estados Unidos, y la novela supuso el fracaso más sonado de su carrera en el Reino Unido. Sin embargo, recuperó el favor de su público en 1843, con la publicación de Canción de Navidad.

Después de unos viajes a Italia, Suiza y Francia, realizó algunas incursiones en el campo teatral y fundó el Daily News, periódico que tendría una corta existencia. Su etapa de madurez se inauguró con Dombey e hijo (1848), novela en la que alcanzó un control casi perfecto de los recursos novelísticos y cuyo argumento planificó hasta el último detalle, con lo que superó la tendencia a la improvisación de sus primeros títulos, en que daba rienda suelta a su proverbial inventiva a la hora de crear situaciones y personajes, responsable en ocasiones de la falta de unidad de la obra.

En 1849 fundó el Houseold Words, semanario en el que, además de difundir textos de autores poco conocidos, como su amigo Wilkie Collins, publicó La casa desierta y Tiempos difíciles, dos de las obras más logradas de toda su producción. En las páginas del Houseold Words aparecieron también diversos ensayos, casi siempre orientados hacia una reforma social.

A pesar de los diez hijos que tuvo en su matrimonio, las crecientes dificultades provocadas por las relaciones extramatrimoniales de Dickens condujeron finalmente al divorcio en 1858, al parecer a causa de su pasión por una joven actriz, Ellen Teman, que debió de ser su amante. Dickens hubo de defenderse del escándalo social realizando una declaración pública en el mismo periódico.

En 1858 emprendió un viaje por el Reino Unido e Irlanda, donde leyó públicamente fragmentos de su obra. Tras adquirir la casa donde había transcurrido su infancia, Gad’s Hill Place, en 1856, pronto la convirtió en su residencia permanente.

La gira que inició en 1867 por Estados Unidos confirmó su notoriedad mundial, y así, fue aplaudido en largas y agotadoras conferencias, entusiasmó al público con las lecturas de su obra e incluso llegó a ser recibido por la reina Victoria poco antes de su muerte, acelerada por las secuelas que un accidente de ferrocarril dejó en su ya quebrantada salud.

miércoles, 19 de mayo de 2010

El tío Goriot


Acabo de concluir la lectura de “El tío Goriot”, de Honoré de Balzac (Alianza Editorial bolsillo, 344 páginas.

El tío Goriot es una novela del escritor francés Honoré de Balzac escrita en 1834 para la Revue de Paris y publicada en 1835 en forma de libro. Considerada una de las obras más importantes del autor, forma parte de las Escenas de la vida privada de la Comedia Humana. En ella se analiza la naturaleza de la familia, el matrimonio, la estratificación y la corrupción en la sociedad parisina durante la Restauración francesa a partir del drama vivido por personajes como papá Goriot -el hombre que muere en la miseria y rechazado por sus hijas luego de haber sacrificado todo por ellas-, Eugène Rastignac -el joven cándido y ambicioso que aspira a formar parte de la alta sociedad-, los otros pensionistas en la Casa Vauquer y damas de la alta sociedad como la señora de Bauseánt o las hijas de Goriot.

El drama de Papá Goriot se desarrolla en París durante el siglo XIX. Las particularidades de esta historia se hallan al pie de Montmartre y las alturas de Montrouge, en una pensión pobre y deteriorada conocida como la “Casa Vauquer”, situada en la parte baja de la calle Nueve-Sainte-Genevieve, entre el barrio Latino y el de Saint Marceau. En dicho lugar se percibe un aire sombrío, la tierra es seca, los arroyos no tienen agua, está rodeado de casas tétricas, las murallas huelen a cárcel y hasta el hombre más despreocupado se entristece allí por su apariencia.




Honoré de Balzac

(Tours, Francia, 1799 - París, 1850) Novelista francés. En 1814 se trasladó con su familia a París, donde estudió derecho y empezó a trabajar en un bufete, pero su afición a la literatura le movió a abandonar su carrera y escribir el drama Cromwell (1820), que fue un rotundo fracaso. Sin embargo, el apoyo de Mme. de Berny, mujer casada y bastante mayor que él, le permitió seguir publicando novelas históricas y melodramáticas bajo seudónimo, que no le reportaron beneficio alguno. Emprendió varios negocios, que acabaron en fracaso y le cargaron de deudas, que, sumadas a las derivadas de su afición al coleccionismo de arte y su tendencia al derroche, lo pusieron en una difícil situación.

Sin embargo, con El último chuan (1829), la primera novela que publicó con su apellido, obtuvo un gran éxito. A partir de entonces inició una febril actividad, escribiendo entre otras novelas La fisiología del matrimonio (1829) y La piel de zapa (1831), con las que empezó a consolidar su prestigio. La amistad con la duquesa de Abrantes le abrió las puertas de los salones de sociedad y literarios.

En 1834, tras la publicación de La búsqueda de lo absoluto, concibió la idea de configurar una sociedad ficticia haciendo aparecer los mismos personajes en distintos relatos, lo que empezó a dar a su obra un sentido unitario. Por entonces inició su intercambio epistolar con la condesa polaca Eveline Hanska, con quien mantuvo una intensa relación, aunque sus encuentros fueron breves hasta la muerte del marido de ella (1843). En 1847, poco antes de morir, se casó con Eveline, pero entretanto mantuvo relaciones con sus otras amantes.

En los últimos años de su vida fue presidente de la Société des Gens de Lettres (desde 1839) e intervino en numerosos asuntos públicos como director de la Revue Parisienne, al tiempo que sufría el acoso de sus acreedores. En 1841 se inició la publicación de sus voluminosas obras completas bajo el título de La comedia humana, aunque de las 137 novelas que debían integrarla, cincuenta quedaron incompletas.

Balzac es considerado a menudo como el fundador de la novela moderna, y su preocupación por el realismo y el detallismo descriptivo se halla en la base de la posterior novela francesa, aunque su realismo convive siempre con elementos románticos y trazos del Balzac «visionario», tal como lo definió Baudelaire.